Puerto de Luanda y Puerto de Maputo exhiben los primeros resultados del proyecto Puertos de convergencia donde investigo las relaciones de las culturas del sur de África con el resto del mundo, en particular con el continente americano y europeo, en una búsqueda del legado africano en otros continentes. Históricamente, es en el triángulo África-América-Europa que se diseñan las principales rutas de la migración masiva y abrupta, generadas por el comercio de esclavos africanos. Para entender realmente la importancia del legado africano en tierras extranjeras, es necesario retroceder a los puntos históricos de partida y de llegada de las poblaciones oriundas de África: los puertos marítimos.
Esta visita de lugares que retoma circuitos recorridos, que rehace rutas de entrada y salida en una repetición de trayectos y locaciones, no es inocente. Es, ante todo, una búsqueda activa de las marcas de los antepasados y, simultáneamente, la confrontación y el registro de la continuidad de esta circulación, de este tránsito/tráfico migratorio marginal, condenable, condenado y consentido, que exporta, de forma tan mal condicionada, el África al mundo.
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Mauro Pinto
Existe en Maputo un lugar que se llama Chiango. Chiango, un nombre bonito para nombrar un lugar impensable: un lugar sin infancia, pintado de negro y blanco.
En el interior de minúsculas «casas-cajones» y de algunos bloques apretados de cemento que sirven de dormitorio, viven niños que la sociedad mozambicana marginó y nominó como «fuera de la ley» Clasificados e indicados como «infractores» por el sistema judicial, los nombres de estos niños fueron olvidados en los cajones del escritorio de la Ley.
Con el paso del tiempo, lentamente, sus rostros y sus cuerpos fueron también desapareciendo de la memoria de quien legisló sus infancias. Archivadas en gavetas herrumbradas, una encima de otra, tal como se hace con las cajas de papel, estos niños fueron enviados a un lugar sin destino. ¿Qué justicia es ésa? Es lo que se pregunta el fotógrafo Mauro Pinto en el viaje que hace a este «ningún lugar»
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Camila de Souza, Fragmento